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No sé por qué
No sé por qué a esa mujer la adoro,
no sé por qué yo la adoro con delirio;
cuando la miro se calma mi martirio,
se calma el fuego de ese ardiente frenesí.
Todos los días yo gano un peso diario;
una peseta se la llevo a mi querida.
¡Ay!, la mujer en todo es la preferida;
¡ay!, la querida, ¿qué desaires pasará?
¡Ay!, la querida se asoma y dice: ahí va;
¡ay!, qué trabajo es amar sin libertad.
Todos los hombres pretendemos un amor,
aunque nos cueste la vida.
¿Quién les ha dicho que el hombre casado es libre?
Tiene su mujer aparte de una querida.
Ellas son la causa
de que el mundo no ande en paz.