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El correo de San Miguel
Todo el mundo es pintado,
y eso se los digo yo:
que uno sabe el día en que nace,
pero el día en que muere no.
Mandó ensillar su caballo,
que le apretaran la silla,
porque iba a pasar el arroyo
que baja de la Boquilla.
De qué le sirvió el valor
y buen caballo en que andaba,
pero le faltó el rigor
dentro de los chinos del agua.
Corrían hombres y mujeres,
todos en su seguimiento;
a José no lo encontraban
porque iba en el mero asiento.
A José lo agarró el agua
con una fuerza muy cruel;
lo vinieron a sacar
abajo de San Miguel.
Vuela, vuela, palomita,
de San Juan hasta el Vergel,
a avisar que ya se ahogó
el Correo de San Miguel.