Acervo Cardenche › Cancionero › Tragedias
Pioquinto y Perfecto
Jueves día siete de octubre,
en Menores ha pasado,
Perfecto y Pioquinto Pérez
como a las once agarraron.
Por el arroyo del agua
primera cuestión trabaron,
pues que llegando a Menores
al momento se acordaron.
Estaba tomando café
este Pioquinto en su casa
cuando llegó este Perfecto:
—Vamos, que el tiempo se pasa.
Le respondió este Pioquinto:
—Hombre, no seas imprudente;
el negocio que tenemos
lo dejaremos pendiente.
Le respondió este Perfecto:
—No lo podemos dejar;
el negocio que tenemos
hoy lo vamos a arreglar.
Luego se fueron saliendo
como que iban a cazar;
pues ¿quién había de pensar
que éstos se iban a pelear?
—Vámonos desapartando,
se acabaron parrandillas;
allá nos vamos a ver
al punto de Cuerecillas.
Luego le dice Perfecto:
—Compadre Pioquinto Pérez,
perdimos las amistades
por culpa de las mujeres.
—Ya se acabaron amigos,
ya se acabaron compadres,
y ahora lo vamos a ver
qué parieron nuestras madres.
—Pues ya se nos concedió
pelear en campo de honor;
si a caballo somos buenos,
a pie lo haremos mejor.
—Pues ya se nos concedió
pelear como buenos gallos.
Y se tiraron a pie,
atajaron los caballos.
Pioquinto no se acordaba
ni por verse en tal aprieto;
el primer tiro le ha dado
en una pierna a Perfecto.
Luego le dice Pioquinto:
—Pues tu valor siempre priva;
ya me pegaste un tiro
en la merita vejiga.
—Pioquinto, tú ya moriste,
yo voy a ver dónde muero;
aquí en las manos me llevo
tu pistola y tu sombrero.
—Óigame usted, don Vicente,
mire lo que ha sucedido:
este Pioquinto ya es muerto,
yo vengo muy mal herido.
Vuela, vuela, palomita,
para los campos de honores:
ya murió Pioquinto Pérez,
padre de los de Menores.