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Macario Romero

Tragedia acardenchada1878Pieza 56 de 61

En nombre de Dios comienzo,
con cariño verdadero,
para recordar a un hombre
que fue Macario Romero.

Decía la niña Rosita:
—Macario, ¡cuánto te quiero!,
que si no fueras casado
nuestro mal tendría remedio.

Decía Macario Romero:
—Esto no tiene que ver;
nos vamos para otras tierras
a darle gusto al placer.

Decía Macario Romero:
—Usted, mi general Plata,
concédame una licencia
para ir a ver a mi chata.

Su general Plata dice:
—Macario, ¿qué vas a hacer?
Te van a quitar la vida
por amar a esa mujer.

Decía Macario Romero,
parándose en los estribos:
—Al cabo, ¿qué me han de hacer,
si todos son mis amigos?
El general Plata dice:
—Sin mi licencia no vas,
y si a capricho lo llevas,
en tu salud lo hallarás.

Decía Macario Romero,
dando vuelta a una lomita:
—Yo voy a ver a mi chata,
a mí nadie me lo evita.

Decía la niña Rosita:
—Papá, ya viene Macario.
—¿En qué lo conoces, hija?
—Lo conozco en el caballo.

Decía don José María:
—¿Qué trampa le jugaremos?
—Le formaremos un baile,
la pistola le escondemos.

Ya le formaron un baile
con gente particular;
¡ah, qué Macario tan hombre!,
no se quiso emborrachar.

Macario empezó a bailar,
un chote andaba bailando,
cuando un charro por detrás
nomás lo andaba tanteando.

Decía la niña Rosita:
—Ora sí, quedaron bien:
ya mataron a Macario,
pues mátenme a mí también.

Era amigo de los hombres,
lo querían de corazón;
por una mujer que amaba
lo mataron a traición.